12/03/2026 LA HISTORIA DE AGUSTINA Y SU MAMÁ,UN TRASPLANTE QUE LES CAMBIÓ LA VIDA

Agustina Olmedo es una joven marplatense que, tras un trasplante renal, pudo volver a caminar, a soñar y a proyectar una vida que durante un largo tiempo parecía imposible.

Agus, como la llaman sus afectos, nació con un solo riñón y siempre tuvo que cuidarlo mucho. “Me habían dicho que, por mi problema de salud, iba a ser complicado realizarme un trasplante, pero nosotras no bajamos los brazos nunca”, cuenta mientras busca con la mirada a su mamá, Teresa.

Desde la adolescencia su vida estuvo atravesada por tratamientos, estudios, internaciones y diálisis. Una lista de espera y años en los que entre ellas se sostenían para transitar el proceso. “Las cosas no fueron fáciles, pero nunca bajamos los brazos, Agus tampoco, siempre le puso una fuerza impresionante a todo el proceso”, dice Teresa, emocionada.

Hubo momentos difíciles y diagnósticos que parecían definitivos, pero Teresa insistió, consultó y eso hizo que todo cambiara. Un 12 de mayo, el llamado llegó y pudo ser trasplantada. Ambas lo definen como “el mejor día de sus vidas”.

Hoy Agustina está bien y el riñón trasplantado funciona perfecto; cuenta que puede tomar agua sin restricciones y que ya no realiza diálisis. Si bien comenzó con los cuidados lógicos, una vida nueva, lo que más rescata es que volvió a hacer algo que para casi todas las personas es simple y natural: “lo que más extrañaba era caminar y volví a caminar”.

Teresa no se cansa de agradecer al equipo médico, al hospital, a quienes las acompañaron, en especial al sistema de salud provincial que sostuvo económicamente todo el proceso, “me devolvieron a mi hija y eso lo voy a agradecer siempre”.

Agustina, mientras tanto, empieza a imaginar su nueva vida. Quiere volver a estudiar. Le encanta cocinar y dedicarse a la manicuría, y ya proyecta tener su pequeño emprendimiento cuando regrese a Mar del Plata, “ahora siento que mi vida cambió”, expresa.

Teresa también tiene sueños, uno es estudiar junto a su otra hija. “Siempre fui mamá, papá, todo a la vez, ahora a los 55 años, quiero hacer algo para mí pero que también les va a servir de alguna manera a mis hijas”, comenta con una sonrisa.

Hoy, después de todo lo pasado, agradecen profundamente a todas aquellas personas que, a pesar de haberse encontrado en algunos momentos en donde Teresa como mamá, pedía explicaciones, entendieron la situación y siguieron acompañando.

La historia de Agustina no es solo una historia de trasplante, es una historia de amor, de perseverancia, de volver a caminar, literal y simbólicamente. Hoy, junto a su madre, la comparten para que otros sepan que no están solas ni solos. “Que no bajen los brazos, que confíen en los médicos y que sepan que el Estado de nuestra Provincia está, que acompaña”.